Religión, espiritualidad y la ECOteología


Leonardo Boff espiritualidad y religion. leonardo boff. www.lookconnected.com . revista sophia.

Hola!!

Quiero compartirles una nota que leí sobre la ECOteología y la importancia de la espiritualidad por sobre la religión.

La Nota fue escrita por Carolina Catteaneo para la Revista Sophia y abajo copio solo algunos de los fragmentos que más me gustaron!

 

” Después de más de treinta años de pertenecer a la Iglesia católica, el teólogo brasileño Leonardo Boff decidió dejar su actividad como sacerdote y alejarse de la Orden Franciscana, a la que pertenecía, para vivir como laico, por las presiones que recibió de parte de la jerarquía eclesiástica de Roma. Desde la campiña ecológica en la que vive, a unos sesenta kilómetros de Río de Janeiro, habló sobre el rol de la mujer, sobre cómo abrirnos a una dimensión más espiritual e incluso sobre ecología.”

“Más importante que la religión es la espiritualidad”

–¿Cómo una persona que no es consciente de su dimensión espiritual abre su corazón a ella? ¿Cómo comienza a transitar esa dimensión?

–No es fácil mostrar un camino de vida espiritual. Lo que se puede pedir es que las personas sean verdaderas, honestas, íntegras, amantes de la vida, solidarias y compasivas frente al sufrimiento humano. Vivir estas dimensiones es vivir valores no materiales que no se encuentran en los bancos ni se pueden comprar. Sin embargo, en ellos reside el mundo de los valores y de la ética humana mínima. Pero cuando el ser humano se interroga sobre el sentido de su existencia, del dolor del mundo, del futuro que puede esperar, y se da cuenta de que es parte de un todo más grande, puede abrirse a la Trascendencia, puede ver sentido en creer en un Dios que penetra la realidad y le confiere unidad y sentido. Esto viene por el camino de la espiritualidad más que por los caminos convencionales de las religiones y de las Iglesias. En el fondo, el ser humano se da cuenta de que es un proyecto infinito y no encuentra en este mundo ningún objeto que le sea adecuado. Solo un infinito puede saciar su sed infinita. En este horizonte tiene sentido hablar de Dios. Pero lo que más convence es el diálogo franco y amigo, el amor verdadero, el testimonio de que vale la pena entregarse a un Ser más grande y sentirse en la palma de su mano. De este trueque pueden nacer interrogaciones que llevan a descubrir el mundo espiritual.

–En momentos en que la gente está tan descreída de las religiones, usted habló en una conferencia de una “revolución de lo espiritual”. ¿Qué es eso?

–Hay que distinguir entre religión y espiritualidad. La religión está hecha por doctrinas, ritos, códigos morales y símbolos religiosos. La espiritualidad tiene que ver con valores como el amor incondicional, la compasión, la solidaridad, la trasparencia en las acciones, con un sentido de pertenencia a un todo y un encuentro vivo con Dios como razón última de nuestra existencia. La religión nace de una espiritualidad pero no siempre produce aquellos valores implicados en la espiritualidad. Alguien puede tener un fuerte sentido espiritual en su vida y no tener una práctica religiosa. Más importante que la religión es la espiritualidad porque tiene que ver con actitudes concretas que dan rumbo a la vida. Hoy la humanidad se encuentra en el corazón de una gran crisis de sentido. Nadie pude decir hacia dónde vamos. Hay una gran confusión en los valores. Pero toda crisis se supera a partir de una nueva experiencia espiritual del Ser, capaz de conferir un nuevo rumbo a la convivencia humana. Esta tiene que galvanizar a las personas que adhieren a la nueva propuesta de sentido. Así como está, la humanidad no puede continuar, porque es demasiado destructiva, al punto de poner en riesgo la supervivencia de la especie humana. En general, las religiones producen guerras, mientras que las espiritualidades producen paz.

–¿A qué se refería cuando dijo: “Profundizamos la explotación del capital material. Ahora empieza la explotación del capital espiritual”?

–Hemos explotado prácticamente todos los bienes y servicios de la Tierra. Se esperaba que esto nos trajera felicidad. Fue una inmensa ilusión. El ser humano no tiene solo hambre de pan, sino también hambre de acogida, de amor, de solidaridad, de encuentro con Dios como expresión del supremo sentido de la vida. Todo esto viene de una perspectiva espiritual de nuestra lectura del mundo. Pero muy poco se ha profundizado en esta perspectiva que constituye el capital humano y espiritual. Lo primero, el material, es agotable. El segundo es inagotable e infinito, porque no hay límites para el amor, la solidaridad, la compasión, la convivencia pacífica entre personas y pueblos. De eso vive el capital espiritual. Ahora se crea la posibilidad real de organizar nuestra forma de habitar el mundo a partir de una visión espiritual de la vida y del destino humano. A partir de esta opción cambian las relaciones con la naturaleza, la forma de producción, de consumo y de visión del destino humano. Esto lo ha afirmado desde el  principio la Teología de la Liberación. El acto primero de este tipo de teología es una experiencia espiritual de encuentro con el Cristo crucificado en la carne de los pobres y oprimidos. De ahí nace la indignación y el amor de hacer algo con ellos para superar esta antirrealidad.

–¿Cómo llega de la Teología de la Liberación a su preocupación por el cuidado planetario?

–Los teólogos de la liberación se han dado cuenta, a partir de los años ochenta del siglo pasado, de que la lógica que explota a las personas, a las clases sociales y a los pueblos es la misma que explota a la naturaleza y a la Madre Tierra. La marca registrada de la Teología de la Liberación es la opción por los pobres contra su pobreza y en favor de la justicia social y de su liberación. Dentro de esta opción debe caber en primer lugar el gran pobre que es la Tierra, explotada y devastada por la voracidad productivista en función de la acumulación de bienes materiales para el consumo. De ahí nació una fuerte ecoteología de la liberación. O garantizamos la vitalidad de la Tierra con sus ecosistemas vivos, o quitamos la base para cualquier otro proyecto humano. Esto supone una actitud de amor a la Madre Tierra, un sentido de cuidado por su futuro. Tales valores nacen no de una visión marcada por el interés de acumulación, sino al revés: por una auténtica actitud ético-espiritual que fundamenta otro estilo de relación con la vida y con la Madre Tierra, de respeto, cuidado y veneración.

 

–¿Qué reflexión le merece la respuesta de Teresa de Calcuta al alcalde de Nueva York cuando él le habló de la “miseria de la India” y ella le dijo: “En la India tenemos miseria material, pero ustedes, en Occidente, tienen miseria espiritual”?

–La Madre Teresa de Calcuta dijo una gran verdad. Yo mismo en mis viajes al Primer Mundo he constatado la profunda pobreza espiritual de las personas, perdidas, sin raíces, sin fe y sin tener de qué agarrarse en la vida. La acumulación, fruto de un sistema injusto que valora más el capital que el trabajo, más la eficiencia que las personas, más los bienes materiales que la vida, solo puede producir una aterradora pobreza espiritual porque se hace sordo y mudo a los reclamos de la dimensión espiritual que se encuentran dentro de cada persona. Por eso, una de las tareas que se propone la Teología de la Liberación es rescatar la dimensión espiritual de la vida, más experiencia de Dios que adhesión a doctrinas, más encuentro de Dios en el mundo –especialmente, entre los que más sufren– que preocupaciones por la institución y por la estética de las celebraciones. Finalmente, hay que entender que más importante que la Teología de la Liberación es la liberación concreta de las personas. Esta liberación pertenece a los bienes del Reino de Dios. La teología se justifica mientras reflexiona a partir de estos bienes. Lo que se opone a la pobreza no es la riqueza sino la injusticia, porque este es el gran ideal cristiano desde los orígenes en los Actos de los Apóstoles.

Si quieren seguir leyendo pueden leer la nota entera acá

Un beso grande y feliz fin de semana!

Agus

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